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en permanente construcción

Una canción de Johnny Cash

26 Febrero, 2009

Un chico llamado Sue

Mi padre se fue de casa cuando tenía tres años
y no nos dejó mucho ni a mi madre ni a mí
solo esta vieja guitarra y una botella vacía.
Bueno, no lo culpo por irse y no aparecer
pero lo peor que hizo
antes de irse es ponerme de nombre Sue.

Seguro que pensó que era una broma muy buena
y seguro que muchos se rieron con ella,
he tenido que luchar contra eso toda mi vida.
Algunas chicas se reían y yo me ponía rojo
algún tipo se carcajeaba y le rompía la cabeza,
os lo juro, la vida no es fácil para un chico llamado Sue.

Crecí rápido y cada vez era más malvado,
se me endureció el puño y agucé el ingenio,
vagabundeaba de ciudad en ciudad ocultando mi vergüenza.
Pero le hice un juramento a la luna y las estrellas,
que rebuscaría por todos los burdeles y bares
hasta matar al hombre que me puso este horrible nombre.

El lugar era Gatlinburg, a mediados de julio
acababa de llegar a la ciudad y tenía la garganta seca,
se me ocurrió parar y echarme algo al coleto.
En un viejo saloon que había en una calle de barro,
allí en una mesa, vendiendo ganado,
se sentaba el sucio y sarnoso perro que me puso de nombre Sue.

Supe que aquella serpiente era mi papaíto
gracias a una vieja fotografía que tenía mi madre,
conocía aquella malvada cicatriz y su aviesa mirada.
era grande y andaba encorvado, canoso, viejo,
lo miré y se me heló la sangre
y dije: “Me llamo Sue. ¿Cómo estas?
¡Ahora vas a morir!”

Le golpeé fuerte entre los ojos
y cayó al suelo, pero para mi sorpresa,
se levantó con un cuchillo y me cortó un trozo de oreja.
Le rompí una silla en todos los dientes
rompimos la ventana cayendo a la calle
pateando, sacándonos los ojos entre el barro, la sangre y la cerveza.

Os diré que he peleado contra tipos más duros
pero no recuerdo cuándo,
daba coces como una mula y mordía como un cocodrilo.
Lo oí reírse y lo oí maldecir,
fue a por su pistola pero yo saqué la mía primero,
se quedó mirándome y vi cómo sonreía.

Dijo: “Hijo, este es un mundo duro
y si un hombre ha de abrirse camino en él, tiene que ser fuerte
sabía que no íba a estar para ayudarte en el camino.
Así que te puse ese nombre y me marché.
Sabía que o te endurecías o morirías
y es el nombre el que te ha ayudado a hacerte fuerte.”

Dijo: “Acabas de tener una buena pelea
y sé que me odias, y tienes derecho
a matarme ahora mismo, no te culpo si lo haces.
Pero deberías darme las gracias, antes de que muera,
por el odio en tus entrañas y el fuego de tus ojos
porque yo soy el hijo de perra que te puso de nombre Sue”

Me quedé sin habla y solté la pistola
lo llamé papá y él me llamó hijo,
y todo lo vi desde otro punto de vista.
De vez en cuando pienso en él,
Cada vez que lo intento lo consigo,
Y si alguna vez tengo un hijo, creo que lo llamaré
Bill o George. ¡Cualquier cosa menos Sue! ¡Aún odio ese nombre!

Autor: Shel Silverstein. Versión de Johnny Cash en At San Quentin.
Trad. David Cruz Acevedo
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Un poema de Wallace Stevens

7 Febrero, 2009
Uno de mis poetas favoritos en uno de sus últimos poemas. Recojo aquí una primera versión sin revisar.

El planeta sobre la mesa

Ariel estaba contento de haber escrito sus poemas.
Trataban de un tiempo recordado
o de algo visto que le gustó.

Otras obras del sol
eran deshechos y desorden
y el arbusto maduro retorcido.

Su ser y el sol eran uno
y sus poemas, aunque obras de su ser,
también eran en igual medida obras del sol.

No importaba que sobrevivieran.
Lo que importaba era que portasen
Algún rasgo o carácter,

Alguna opulencia, aunque apenas percibida,
en la pobreza de sus palabras,
del planeta del cual formaban parte.

Wallace Stevens, Collected Poems, Londres: Faber & Faber, 1984.
Trad. David Cruz Acevedo
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