| el único que tiene vergüenza |
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| de graciela frascati | |
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El único que, en este mundo del fútbol, tiene vergüenza es el balón, que todos le dan patadas y no se queja. El balón es un masoquista, y también es un amante no correspondido. Cuando llega al orgasmo, tras tocar la malla, todo el mundo está mirando hacia otro lado. Es el malo y el bueno de las pelis, pero siempre secundario. Nadie va a decir nunca: ¡qué golazo metió el balón! El mundo del fútbol es desagradecido con él. Se puede jugar sin defensa, sin delantero, sin orden, sin centro, sin pasadores, sin árbitros, sin porterías, sin público, pero no se puede jugar sin balón, sin embargo, nadie le aplaude. Cuando entra por la escuadra no es mérito suyo. Cuando pasa rozando el palo se acuerdan de su madre. Sólo se convierte en el verdadero protagonista cuando se le escapa al portero y el aficionado goleado dice que el balón estaba mojado, que es como llamarle culpable. Por otro lado, a mí me gustaría sentirme algún día como el balón. Debe ser algo así como presentarse en una fiesta en la que tú eres la única chica guapa, y 22 tíos se pelean por ti. Lo malo es que al final te tienes que ir con el árbitro, que, aparte de no habérselo currado, es como si fuera ti padre sacándote de la fiesta. El árbitro sólo permite que te vayas con el guapo de la fiesta si éste mete tres goles, lo que digo, como un padre. Un padre te dejaría que te fueras con el que tiene tres carreras. El balón, qué buena o qué puta eres, que te dejas besar por todos, tocar por todos, tatuar por todos. |

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