| Experiencia social / Experimento institucional |
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| de Noble Novitzki | |
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Las universidades / universos de la primera mitad de siglo en Norteamérica y el desenlace de los sesenta Nos parece que a veces un comienzo anuncia un fin, o al menos intenta hacerlo: La fundación de la República Popular China en 1949, por ejemplo, busca terminar con la República de China, al menos fuera de la isla de Taiwán. El papado de “Gregorio XVII” – nombre devocional de un tal Clemente Domínguez y Gómez, hombre cegado (¿y estigmatizado?) en un accidente automovilístico – busca anunciar desde Andalucía su sobreposición al obispo de Roma. Además hay autogolpes. La llegada de la “Super Nintendo” en 1990 señala que millones de queridas cajitas grises “NES” ya serán cosa de coleccionistas y nostálgicos. (Aunque, ya en plena época “Wii,” debemos admitir que el Nintendo original ha sobrevivido más tenazmente que el Super, el 64, y el GameCube.) La fundación de instituciones reemplazadoras, de máquinas institucionales nuevas, puede ser informal también: En la literatura la fundación del crack quiere decir que ya no hay boom. En la música, la aparición del grunge es – al menos temporalmente – la sordina en los pianos del punk y hard rock. En la biblioteca el ordenador lanza un órdago contra los hermosos catálogos en fichas. Y evidentemente, según el discurso del sector más conservador de los Estados Unidos, la llegada del matrimonio gay significaría el fin del matrimonio como institución. Este último juego de palabras (la idea de que el gay marriage constituye una amenaza para cada hombre y mujer que se colocan los anillos y repiten promesas con un corazón sincero) nos lleva hasta la consideración presente: la fundación de nuevas visiones del mundo. O sea, ¿es posible conceptualizar y realizar un paradigma nuevo que sea algo más que un mero cambio de género, de gobierno, o de generación, pero algo menos que una ideología a escala mundial (ej. el marxismo)? Consideramos aquí el caso de unas cuantas faux-universidades o universidades imaginarias norteamericanas (que también son lugares de ladrillo y mortero). En especial nos interesa las instituciones que por su fundación buscan demostrar que algo ha cambiado en el universo de las ideas, que indican una creencia en la necesidad de lanzar un golpe contra la vieja manera de concebir la telaraña epistemológica, cosmológica, gnóstica o burocrática humana, tal como Gregorio imita y desdobla de – pero rechaza a – Juan Pablo II. No nos extraña encontrar que muchas de estas fundaciones tomaron lugar durante los últimos años de los sesenta y los primeros años de los setenta, años de revolución y revoltijo a pequeña y gran escala. Considere que son años que en los que se produce el paro general en Francia, el asesinato de Martin Luther King, la llegada del hombre a la luna, el apogeo y extinguimiento de músicos como Jimi Hendrix y Janis Joplin … pero también la primera gran expansión de lo que será el imperio periodístico de Rupert Murdoch en Australia, la muerte de Txabi Etxebarrieta en el País Vasco, el descubrimiento de petróleo en las aguas noruegas, y el desarrollo de los primeros chips (circuitos integrados) en Texas. Los eventos de estos años presagiarán los fines políticos de Richard Nixon, Francisco Franco, Haile Selassie y Salvador Allende. Y harán figuras internacionales de Gabriel García Márquez, Severo Sarduy, Jacques Derrida, y Frank Zappa. Quizás uno de las mejores alegorías de lo que puede considerarse la experimentación intelectual y social en los Estados Unidos de esta época es el estudio que resulta en la publicación de Man & Woman, Boy & Girl por el psicólogo John Money en 1972. En los años anteriores a esa publicación Money (kiwi de nacimiento) prueba su idea de “neutralidad de género” tratando de convertir al niño canadiense Bruce (luego Brenda y después David) Reimer al sexo femenino por medio de cirugías y de sesiones intensivas de psicoterapia en su oficina de la universidad Johns Hopkins en Baltimore. El experimento (conocido como el caso “Joan/John” y cancelado en efecto en 2004 con el suicidio del sujeto) puede considerarse un Frankenstein ideológico – una creencia tanto en una ciencia obstinante y todopoderosa como en los elementos más radicales del feminismo. El niño Reimer había sido seleccionado porque a los dos años fue víctima de un accidente que quemó su miembro masculino. Money, por su parte, terminó con la castración de los genitales y así propuso inaugurar una nueva era en su disciplina. Final y Comienzo. Proponemos aquí una breve mirada a varias “universidades” que encarnan el espíritu de Money en estos años. Son instituciones que nacen de una sola idea, y que buscan hacer rodar una máquina institucional que transformará la sociedad. En algunos casos (como el primero), la comparación resulta muy favorable para el experimento en cuestión. En otros casos, nos enfrentamos con una verdadera bestia de la historia social, un proyecto ideológico que tiene como fin acabar con el espíritu de los sesenta. (1) Thunderbird University/ Denagawide-Quetzalcoatl University, 1969 En su libro sobre la ocupación indígena de la Isla de Alcatraz (aproximadamente 3 kilómetros al norte de San Francisco, California) en los años 1969-71, Adam Fortunate Eagle, el okupador principal y miembro de la nación Ojibwa (inglés Chippewa), escribe que:
Hoy en día el problema con el futuro es que carece de imaginación. No entonces, no en los últimos días de los sesenta. La imaginación, las ideas, eso era lo verdadero entonces, no como ahora que para esas cosas se necesita entrenamiento técnico. [Heart of the Rock, traducción nuestra.] Después de varios intentos, comenzando en 1964, medio centenar de “indios” llegaron a la isla de Alcatraz a primera hora del 20 de noviembre de 1969. Partieron desde Sausalito, pueblo exclusivísimo al norte de la bahía de San Francisco y en el pasado tierra madre de la gente Talatui (de la nación Miwok). Navegaron por la bahía en la oscuridad de las primeras horas de la mañana y llegaron a “La roca” – isla conocida por ser un poderoso símbolo del poder policial y de la resistencia de unos prisioneros especialmente agalludos (ver The Rock, con Sean Connery) – donde sorprendieron al único guardia allí presente y anunciaron la ocupación de la isla. Citaron como precedente legal varios tratados del sigo XIX que supuestamente permitieron al indígena tomar control de tierras federales en desuso. Ofrecieron como pago 24 dólares americanos (o sea, el equivalente a tal cantidad en abalorios y tela roja). Era más – dijeron – que la cantidad pagada por los blancos para la isla de Manhattan tres siglos antes. La misión escrita de los “Indios de todas los tribus” prometió convertir a la isla en un museo, un centro ecológico y dos escuelas. La primera: Un Centro de Estudios del Americano Nativo se desarrollará para entrenar a nuestros jóvenes en lo mejor de nuestras artes y ciencias culturales, y también para educarlos en las destrezas y los conocimientos necesarios para mejorar las vidas y el espíritu de todos los pueblos indígenas. Conectadas a este Centro habrá universidades itinerantes, gestionadas por Indios, que irán a las Reservas para aprender de la gente los valores tradicionales de los cuales el sistema de educación universitaria caucasiano actualmente carece. Y la segunda: Se desarrollará una gran Escuela de Formación India para enseñar a nuestra gente a sobrevivir económicamente, mejorar el nivel de vida, y terminar con el hambre y el desempleo en nuestros pueblos. La escuela de formación incluirá un Centro de Artes y Artesanía, y un restaurante indio que sirva comidas Nativas y forme a los indios en las artes culinarias. Este Centro expondrá artes indias y ofrecerá al público comida tradicional de todas las tribus, para que todos puedan conocer la belleza y el espíritu de las costumbres Indias tradicionales" La ambición de tales proyectos educativos, era claro, respondía expresamente a dos medidas del Congreso norteamericano: el llamado “Acto de Terminación” en 1953 (que buscó terminar con el estado especial del indígena norteamericano) y “Re-ubicación” (Relocation) o “Traslado,” empezado en 1958. La segunda iniciativa era un intento de asimilar a la populación indígena aún por educar a los jóvenes en colegios especiales fuera de sus comunidades, y de allí urbanizarlos mandándolos a Centros de Reubicación en las grandes ciudades (incluyendo Oakland, al este de la bahía de San Francisco). Sin embargo, como nos dice Adam Fortunate Eagle en su libro, “era un programa voluntario puesto en las Reservas como cebo al final largo sedal de pesca” (22). Los trabajos asignados a los indios re-ubicados eran pocos y malos, y se hizo evidente que la intención del programa no había sido la capacitación, sino la despoblación de las tierras autónomas de los indígenas. Aunque el experimento en Alcatraz terminó a fines de 1971, a partir de ese ejemplo se intentaron otras incursiones territoriales en esos años, incluyendo una okupa fracasada en la isla Ellis en la bahía de Nueva York. Y en noviembre de 1970, un grupo de indígenas e hispanos tomaron un edificio abandonado de la Universidad de California en Davis que se había destinado para el estudio de monos y de arroz. Allí fundaron la universidad “Denagawide-Quetzalcoatl,” vigente durante unos años, donde – entre otros cursos – se ofreció un seminario sobre el uso de tierras federales excedentes. Al decir que “el futuro carece de imaginación,” y de ideas, el okupador Adam Fortunate Eagle expresa su propia versión de las filosofías de Paolo Freire y John Dewey (quien habló de la escuela modelo como “comunidad embrión”). No es que Fortunate Eagle rechazara por completo la idea de la “formación técnica,” sino que desconfiaba de ella siempre y cuando no fuera una herramienta de experimento social de un pueblo autóctono. Es decir, si uno no practica las artes de su comunidad y aplica su sabiduría, probablemente se dará cuenta de que está participando en la destrucción de ellas. La “universidad,” entonces, funciona como manera de reivindicar un universo… de comida, de prácticas sociales y de conocimientos. Su fundación, en este caso, busca anunciar el fin de la asimilación y pone en marcha una máquina de ocupación de nuevas áreas, combatiendo así la otra gran Máquina de la compra de tierras federales. Una idea y su ambiciosa propagación. Una fundación y una esperanza. Un “crack” que intenta provocar un “boom” nuevo, y diferente. (2) Hamburger University, 1961 Después de la declaración de independencia de Kosovo en febrero de este año, las multitudes en Belgrado atacaron dos lugares con afiliación norteamericana: la embajada y un McDonald’s. Los lectores de este artículo posiblemente se quejarán de la yuxtaposición de la toma de Alcatraz con la consolidación de un imperio de comida rápida por el empresario Ray A. Kroc. Sin embargo, la fundación de Hamburger University (la universidad de la hamburguesa) por este último en 1961 también se trata de un intento de formalizar en una institución educativa un fin y un comienzo. La máquina puesta en marcha por Kroc (un ex productor de máquinas de batidos) representa el más conocido y celebrado caso de la implantación de la teoría de “gestión científica” de Frederick Taylor (http://www.eldritchpress.org/fwt/taylor.html ). Así Kroc logró diseminar a nivel mundial la innovación de los hermanos McDonald y de otros pioneros del “fast food” en la California de la posguerra: se trató de la aplicación del fordismo al arte culinario. Se pone fin, desde un principio, a la idea del chef como alguien que coordina todos los aspectos de la preparación culinaria. Y como cualquier persona que ha trabajado en un McDonald’s (incluyendo este escritor) puede atestiguar, ni siquiera se conserva la idea de la cocina como un sitio geográficamente particular. En una “cocina” de McDonald’s se hace poco más que recalentar sustancias congeladas que han sido producidas en diversos lugares por procesos industriales. En el campus de Oak Brook (Illinois) se entrenan miles de Managers (directores de restaurantes) al año, y según su sitio web hay campuses regionales en Sydney, Munich, Londres, Tokyo, Hong Kong y Brasil también. Hasta se permite que los estudiantes consigan créditos para títulos en otras universidades que no pertenecen a corporaciones. Lo interesante de este modelo es que, como en el caso de la universidad indígena de Alcatraz, se asume una postura curiosa con respecto al saber técnico. O sea, si uno tuviese que comparar la universidad de la hamburguesa (¡que no se confunda con el Museo del Jamón!) con la prestigiosa escuela de gestión hotelera de Cornell University (New York), por ejemplo, seguramente uno de los aspectos que más se destacaría sería la necesidad de desconocer los fundamentos tradicionales de la cuisine y del “servicio al cliente.” De tal forma, “H.U.” propone un cambio cultural al partir de un rechazo de la cultura alimenticia antes dominante. Por eso “universidad.” Un descubrimiento, un universo nuevo (y en los mismos años en que EEUU prepara su viaje a la luna) donde el cliente prefiere los mismos condimentos y las mismas salsas que todos los demás. Esta “universidad” encarna una frase cliché que suele escucharse en los talleres y discursos de las convenciones y los cursos de negocios y de ventas: “Olvida todo lo que sabes.” Es, quizás, el planteamiento de los indígenas de Alcatraz (que buscaban preservar su cultura tradicional tras ser sometidos a los centros de formación y re-ubicación del gobierno) visto por el espejo del circo (¿del payaso Ronald McDonald?). Lo que uno aprende en Hamburger University, en cuanto a técnicas, puede cambiar con la rapidez de la tecnología, pero lo que importa es la práctica social… la lógica de la línea de producción. En los años ochenta se produjo un divertido spot para McDonald’s en que Ronald aparece enseñando en un salón de H.U.: www.youtube.com/watch?v=I2jnzcq2w5o. Los estudiantes (unas hamburguesas, todas iguales) aprenden a mantener la vigilancia contra el Hamburgler (ladrón de hamburguesas) gritando “¡Auxilio! ¡Ronald!” en el caso de ver al hambriento convicto. El ladrón entonces aparece, y casi escapa con las hamburguesas, pero Ronald lo engaña, revelando que la puerta de salida es un mero espejismo. Entre las otras “universidades” de esta época que se podrían destacar brevemente: (3) Liberty University fundada por el televangelista Jerry Falwell en 1971. Regent University, fundada por el televangelista Pat Robertson en 1978. Basta visitar la página web del código de conducta de esta escuela religiosa (http://www.liberty.edu/index.cfm?PID=1378 ) para saber que tiene poco interés en la libertad. Según la fórmula matemática que los decanos aplican al comportamiento personal: Asistir a un baile = 6 reprimendas y una multa de $25 Tener un aborto = 30 reprimendas y una multa de $500. ¿Ergo un aborto es 5 veces peor que bailar, en términos de reprimendas, y 20 veces peor, en términos monetarios? Además: El aborto equivale a “dos o más personas del sexo opuesto en una habitación de hotel sin permiso oficial” y a “el uso no-autorizado de armas.” ¿Cómo puede haber más de dos personas del sexo opuesto? Claro, no es la primera vez en la historia del mundo que se funda una escuela privada dedicada a reprimir los placeres de la adolescencia. Sin embargo, tanto Liberty como Regent University existen no sólo para purificar sino también para capacitar a sus estudiantes de cara a las diversas industrias de la “derecha evangélica” de los Estados Unidos: los think tanks políticos, la producción de radio y televisión, las editoriales religiosas, y hasta el mismo gobierno. (El descubrimiento de que la administración Bush emplea a múltiples graduados de Regent constituyó un breve escándalo después de que fueran acusados de despedir sin méritos a fiscales del Departamento de Justicia a finales de 2007: http://boston.com/news/education/higher/articles/2007/04/08/scandal_puts_spotlight_on_christian_law_school/ .) La meta para los “regentes” de Liberty y de Regent, entonces, se asemeja al principio ya mencionado: un nuevo liderazgo para un nuevo universo. La declaración de objetivos de Regent dice: Nuestra misión es proveer una educación universitaria y de posgrado excelente, partiendo de una perspectiva global y bíblica, en profesiones cruciales, y así equipar a los líderes Cristianos con herramientas para cambiar el mundo, y ser un centro importante de pensamiento y acción Cristianos. (http://www.regent.edu/about_us/overview/mission_statement.cfm ) Lo que no se dice en esta declaración es que “equipar” muchas veces significa “conectar” o “unir a redes cristianas.” Para concebir un universo (en este caso, un partido republicano estadounidense donde se privilegia la educación religiosa y la legislación de “principios morales”), hay que comenzar marcando un camino. Es decir, hay que establecer una cadena profesional para los graduados de Regent entre los políticos y los cabilderos, para que la “familia de dios” ocupe posiciones como asistentes de jueces, operadores políticos, redactores de leyes, etc., la idea siendo que funcionen en concierto, como una red. Liberty y Regent, se podría decir, son universidades que han podido imaginar un nuevo escalón de acólitos para el Washington de George W. Bush, un estilo de “Club de la Lucha” para jóvenes derechistas con un mínimo de entrenamiento legal y antipatía hacia los organismos internacionales, los derechos de la mujer y las minorías, y el estado del bienestar social.Como los miembros del “Club de la Lucha,” estos graduados se han acostumbrado a la asignación de pequeños castigos por la violación del código ideológico, y se han preparado para así “disciplinar” al resto de la polis. (4) College of the Atlantic, 1969 Según su publicidad, en esta universidad – ubicada en la comunidad vacacional isleña de Bar Harbor (Maine) – “Todos los estudiantes se especializan en Ecología Humana, el estudio de nuestra relación con nuestro medio ambiente. Esta concentración te da la flexibilidad de diseñar tu propia carrera. Todo se basa en la creatividad, la investigación, el compromiso y la comunidad” (http://www.coa.edu/html/about.htm ). En un artículo del pasado 4 de noviembre, sobre la decisión de la universidad de sólo utilizar energía renovable en su campus a partir del año 2015, el New York Times notó que la universidad tiene un solo curso obligatorio (“Ecología humana”) y el único libro que se asigna a todo estudiante es El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald, novela que retrata los excesos de la clase alta neoyorkina de los años veinte. También, con frecuencia, se incluye la lectura de Karl Marx, Adam Smith y Barbara Ehrenreich, periodista que se hizo famosa en los últimos años al escribir acercade las dificultades de la clase trabajadora en EEUU. (En Nickled and Dimed, practica un estilo de periodismo “gonzo,” narrando sus experiencias durante un año en el ue abandonó su vida normal y aceptó trabajos en los que se pagaba el salario mínimo.) Tanto los estudiantes como los profesores de “COA” dicen ser de la misma disciplina, y por lo tanto no hay departamentos académicos, aunque sí hay clases en distintos temas. En los últimos años, el número de “eco-universidades,” hace notar el artículo del Times, se ha expandido hasta justificar la formación de dos consorcios: el Eco League y la North American Alliance for Green Education. En muchos casos son universidades pequeñas que históricamente ofrecen programas de estudios dominados por las “liberal arts” , frase que en este país suele señalar una educación equilibrada en ciencias, ciencias sociales y humanidades, y sólo escoge su especialización (o “major”) en los últimos 2 años de universidad. Para los estudiantes de esta universidad, ya sean aquellos que están rediseñando el campus con materias biodegradables, los que están involucrados en programas de agricultura sostenible en otros países, o los que están estudiando escritura creativa con la intención de seguir los pasos de Ehrenreich, el enfoque académico equilibrado tiene como fin una meta particular: re-imaginar un nuevo universo según una filosofía particular. Hasta el presidente ha dicho que busca ampliar el significado de la palabra “ecológico” para incorporar actividades como la informática y el pensamiento humano. Lo que tienen en común estas universidades queda claro: están marcadas por la época en que se abrió una nueva brecha entre izquierdas y derechas en los Estados Unidos, entre culturas tradicionales y culturas globalizadas, entre culturas confesas y culturas seculares, y entre culturas materiales y culturas conceptuales. Además, se crearon para una generación norteamericana que empezó, a partir de los años 60 y 70, a gastar mucho más dinero en su educación universitaria (COA se fundó en parte para revitalizar la economía local). Y tal como Gregorio XVII, han aprovechado el momento para intentar abrir una realidad paralela en la ya conocida… para poner en marcha una máquina que, posiblemente, se convertirá en paradigma.
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