Dónde se fue Maccalé* Imprimir
de Ana Madarro   

En el cubo de cristal unos pies descalzos pisan  pintura negra   los pies tan blancos   la pintura tan negra   después dibujan ciento ochenta huellas sobre un lienzo blanco   y alguien escribe la palabra “art”   con la lente de su ojo el satélite graba   ciento ochenta cadáveres negros   sobre la arena blanca bajo la luz del mediodía   la brisa sobre la cortina azul en el vano de adobe apenas mueve la tarde   una mujer se pregunta   dónde estará Maccalé   no estaba mal verle acarrear agua en la mañana    no estaban mal los signos desconocidos    transparentes   que dibujaba sobre su pecho   jeroglíficos tibios subían desde su sexo   bordeaban el ombligo hacia arriba   de una piel a otra piel  por la misma senda   el hombre ignoraba el significado y tal vez le dijo ¿que haces?   y dibujó su boca  con pinceladas de semen   en el cubo de cristal  un joven muy concentrado   se pliega  como si fuera papel sobre una peana   gotitas de sudor se deslizan sobre su frente   sobre la nariz   sobre el torso tenso  y caen al pie de la peana   no estaban mal los signos tibios sobre la piel tibia y aún así dispuesta con marcas a cuchillo   plegada sobre sí misma   origami del amor desconocido   Lin Yu  vio unas gotas de rocío  temblando sobre el bambú al amanecer  y nadie le creyó   dónde estará  Maccalé   metiendo tanto ruido en la mañana con su fuerza de hierros amarillos   la mujer desnuda que ha venido de la noche por la calzada romana   observa la calle desierta detrás del cristal   un rayo de sol atraviesa cuatro gotas de lluvia   que han quedado suspendidas después de la tormenta desafiando toda caída   deseo   fosilizado   dónde se fue Maccalé  si no estaba mal desayunar juntos   tan sólo media hora entre café humeante y estrépito de hierros   y Maccalé cada vez más ágil hasta llegó a parecer una bailarina de ventana en ventana  con su corpulencia de metal   no estaban mal las legañas en los ojos   la piel dolorida de jeroglíficos ya secos   el olor del pañuelo negro sobre el cuerpo desnudo   el ojo transparente sobre la taza de té   la ternura de esa mañana  para el resto de otros días y otras noches   ni las gotas heladas del océano en los pies descalzos   la espalda sobre su pecho   y la ciudad  hundiéndose bajo el agua   ruido de cristales rotos en el cubo también de cristal   copas en torre para sostener  a otro joven en equilibrio   y la fragilidad del agua se desliza por el aire   no estaba mal nuestra fragilidad bajo la luz lechosa de la ventana   las paredes verdes   el verde apacigua pasiones   la que doblaba las rodillas al tocar tus pies bajo la manta  porque no estábamos solos   y la inquietud de tu voz   y el ojo tapado   y el deseo inmóvil   y al fin nos quedamos bajo la luz que dibujaba sinuosidades sobre tu cuerpo desnudo   hacía calor en la habitación   cuéntame algo dijiste y comencé una historia y al fin nos sosegamos   y te quedaste dormido  mientras yo te miraba y la mañana subía por las paredes   ruido de cristales rotos   y olor a goma ardiendo   una hoguera danza sus llamas en la noche   por un momento la vida bulle desatada   y alguien se pregunta también   junto a las chispas que la brisa levanta  en la oscuridad del desierto   dónde estará Maccalé   y definitivamente no estaban mal el baylis con hielo en las bocas y el anhídrido carbónico   ocupando todo el espacio en los pulmones   hasta el límite que le dieras

 

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 * Permutación: Mecalac, Excavadora multifunción